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La rayuela se juega con una piedrecita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato y un bello dibujo con tiza, perfectamente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrecita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela, caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.
Julio Cortázar (Rayuela)

(Fuente: nudosnarrativos)

El error está, tal vez, en el hecho de que yo exijo demasiado de mí. Debiera partir de mi carencia de voluntad y de mi odio al trabajo y al estudio. Me gusta soñar, y a veces leer, y a veces escribir. He aquí todo. (Me sube la angustia.) Ahora bien: yo me hice un arquetipo de mí misma, intento alcanzarlo y no puedo, lo que es señal de su inautenticidad. Necesitaría una temporada de descanso, es decir, no hacer nada por obligación ni por causas o intereses externos. Esto que digo es muy serio. De otra manera, tal vez enloquezca. Pero no me importa: no sé tomarme en serio.
Alejandra Pizarnik (via ellaeterea)
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